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La Coctelera

Periodistas On Line

Trabajos de redacción de estudiantes de noveno semestre 2006

Categoría: Crónicas

2 Noviembre 2006

Sus manos la previnieron del cáncer

Por Juliana Herrera
rherrera2@unab.edu.co

A Elvira Gutiérrez, de 63 años, le diagnosticaron cáncer de mama, el 18 de agosto
de 2005. Antes de ser valorada por un especialista, ella presentía que tenía esa enfermedad.

Una mañana mientras se practicaba el autoexamen, detectó en su seno izquierdo una pequeña masa.

De inmediato fue a ver a su médico general, quien en dos ocasiones y argumentando que la masa era muy pequeña, no consideró importante ordenarle algún examen que descartara el cáncer de mama.

“Fue hasta que mi hermana se hizo una mamografía. Yo insistí en que eso no era normal y me practiqué el examen”.

La masa encontrada en el seno de Elvira fue declarada como “sospechosa” por lo que le ordenaron practicarse una biopsia.

El resultado la devastó. Le confirmaron sus sospechas. La masa que medía 2 cm por 2 cm era maligna.

¿Por qué a mí? Era la pregunta que a diario Elvira se repetía sin que nadie pudiera explicar porqué ella, una mujer, que siempre había gozado de buena salud y que ocasionalmente acudía al médico por molestias menores, hoy estaba enfrentada a esa mortal enfermedad.

“Me voy a morir, eso fue lo primero que pensé.

Fueron momentos muy difíciles en los que lloré sin consuelo porque en mi familia nadie había resultado con eso y yo, de un momento a otro, tenía cáncer”.

Elvira no le comentó ni a sus hijos ni a su madre que padecía de este mal. Calló la mala noticia mientras se solucionaba la tutela que interpuso ante la EPS (Salud Total) donde está afiliada, ante la negativa de cubrimiento del tratamiento que debía recibir prontamente.

El fallo la favoreció. Pasó por las manos de un especialista y luego por las de un oncólogo.

En la junta médica determinaron practicarle 3 sesiones de quimioterapia, una cirugía en la que le extraerían la masa, luego de esta intervención, recibiría 3 sesiones más de quimioterapia y 25 de radioterapia.

Final mente ella rompió el silencio y les comunicó a sus hijos y hermanas que debía someterse a los dictámenes médicos para salvar su vida.

Hoy a un año de ser diagnosticada, su madre, doña Josefina Mantilla de 86 años de edad, aún no sabe que su hija tuvo cáncer y que la cabellera que hoy luce no es natural, producto del agresivo tratamiento que recibió.

“Nunca se le dijo nada a mi mamá porque podía ser peor para ella, llevamos 10 años viviendo solitas y una noticia como esa la puede deprimir, por eso callé”.

Aunque Elvira toleró la quimioterapia no dejó de sentir mareos y malestar, perdió el apetito e incluso llegaron a fastidiarle el olor a comida y hasta los alimentos de color amarillo, perdió seis kilos en un año, hoy pesa 58.

A los 20 días de la primera sesión de quimioterapia, ya había perdido la totalidad de su cabello “perdí peso y pelo (risas) pero qué importaba que se me cayera el cabello, lo importante era combatir la enfermedad, lo demás era llevadero”, dice.

Esta lebrijense siempre tuvo claro que si se quería sanar de “ese cangrejo que avanza hasta que las raíces se aferran a los órganos”, debía mantener viva la esperanza de su recuperación.

Su fuerza más grande y el motor que alimentó su deseo de vivir fue Dios, el apoyo de sus cuatro hijos, 10 nietos y cinco hermanas, quienes durante su tratamiento y lucha contra la enfermedad, la motivaron a seguir adelante.

Ahora sólo le restan 3 sesiones de radioterapia. Elvira Gutiérrez sabe que gracias a que sus manos detectaron el mal a tiempo, hoy cuenta con orgullo que es una sobreviviente de la batalla en contra del cáncer.

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2 Noviembre 2006

El Café Madrid hecho a pulso

La vida en el Café Madrid transcurre en comunidad. Desde el sancocho dominguero, el bazar para recoger fondos en favor de algún enfermo del barrio, la olla comunitaria cuando no se tiene dinero para mercar; las obras sociales, hasta las novenas de Navidad, todos son espacios en los que las personas que habitan este sector apartado de la ciudad hacen su vida en común.

Por Diego Alejandro Olivares Jiménez
dolivares@unab.edu.co

La vida en el Café Madrid transcurre en comunidad. Desde el sancocho dominguero, el bazar para recoger fondos en favor de algún enfermo del barrio, la olla comunitaria cuando no se tiene dinero para mercar; las obras sociales, hasta las novenas de Navidad, todos son espacios en los que las personas que habitan este sector apartado de la ciudad hacen su vida en común.

Los habitantes de esa otra ciudad que no se ve, pero que existe, saben de la palabra compartir mucho más que los habitantes de la ‘selva de cemento’, quienes en ocasiones no se reconocen con sus vecinos porque están ocultos en inmensos y fríos conjuntos residenciales o edificios que les dificultan el contacto.

En el barrio, “todo se puede compartir menos la novia”, dice uno de los niños que se asoma inquieto a mirar a los extraños que han llegado con una cámara de fotográfica.

Con los pequeños como acompañantes se inicia el recorrido por los callejones que se forman entre los ranchos de madera de Los Corrales, uno de los barrios de la zona.

La calidez y la espontaneidad al momento de hablar con la gente están a flor de piel y los diferentes acentos al hablar, denotan que los moradores de la zona vienen de diversas regiones.

Carlos Mayorga, vinculado a la Corporación Compromiso y quien adelanta trabajos con la comunidad dice que: “En el Café Madrid lo mejor y más especial es su gente, ya que ésta es la que genera sentido de identidad”.

22.5% de los bumangueses están en el Norte
En las comunas 1 y 2, pertenecientes a la llamada Ciudad Norte, viven 130.000 habitantes, es decir, el 22,5% del total de la población bumanguesa, según el Censo realizado por el Departamento Administrativo Nacional de Estadísticas, Dane, en 2005.

En ese mismo lugar donde hay vestigios de la estación del tren de Bucaramanga hoy viven familias que han llegado desplazadas por el conflicto armado y reciben el apoyo de ONG locales e internacionales que desarrollan diferentes formas de trabajo con la comunidad, a fin de contrarrestar el hambre, el desempleo y la violencia.

El Norte está rodeado por plantas de producción de grandes empresas como: Espumas de Santander, Bavaria, Cementos de México (Cemex) y Freskaleche.

Sin embargo, esas fábricas no absorben toda la mano de obra que está disponible en la zona, porque el personal no está calificado. Para los habitantes del norte es irónico no tener empleo, en medio de tan abundante oferta empresarial.

A toda esa zona del norte de Bucaramanga, especialmente Café Madrid, se le ha estigmatizado como una de las más “peligrosas” por los ladrones y delincuentes que se mueven fácilmente entre sus intrincadas calles y terminan conviviendo con la gente honrada y pacífica que debe soportarlos, por efecto de la pobreza.

No obstante, las comunidades reclaman que no se les ‘marque’, sino que más bien se les apoye en resolver el grave problema de desempleo.

En la sola área de Café Madrid viven 1.250 familias ubicadas en los asentamientos: Las Bodegas, Los Corrales, La Ciudadela del Café Madrid, Unión 1 y 2, El Cable, El Túnel, La Playa, El Plan y La Loma, es un 8% de la población, señala Carlos Mayorga.

Roso Fabián Mejía Villamizar, líder juvenil quien dirige la Escuela de Formación Artística y Cultural de Ciudad Norte dice que:

“Según el informe de Planeación Municipal, los habitantes del norte son los que sostienen gran parte de la economía de la ciudad, ya que el rebusque que realizan día a día consolida los espacios comerciales de Bucaramanga, mucho más que los grandes centros comerciales porque las personas que trabajan en la economía popular son las que realizan más transacciones que activan el comercio”.

El trabajo se hace en común
Jorge Luis Caro tiene 16 años de edad y desde hace 6 es habitante de Las Bodegas de la estación del tren de Café Madrid. Llegó al sector con su familia -desplazados desde Papayal, al sur de Bolívar- porque allí encontró un refugio para él y sus parientes. Pensó que en esta ciudad iban a conseguir nuevas oportunidades.

La cuestión no ha sido fácil porque ellos no eran conocidos por nadie y en la ciudad se requieren contactos para todo, pero sigue luchando.

Actualmente, Caro está en décimo grado en el Colegio de la zona y junto con otros compañeros del colegio y con el apoyo del Proyecto Colombia esperan desarrollar la creación de una emisora para el plantel educativo y luego poder extenderla a toda su comunidad.

Ellos sienten que algunos de sus problemas se solucionan si se comunican porque así logran resolver conflictos, al comentar sobre algún hecho y conocer las diferentes versiones para aclarar situaciones.

Asegura que: “Uno de los aspectos positivos es la capacidad de trabajo en unión de otros. Por eso aquí todo es comunitario”.

Los jóvenes vinculados a las organizaciones comunitarias que gestionan el bienestar social tienen un trabajo en común, contando con la colaboración de las ONG.
Ellos que hablan de la necesidad de comunicarse participan en iniciativas como el Proyecto Colombia, que consiste en el desarrollo de una propuesta liderada por la Universidad Industrial de Santander (UIS) a través de Proinapsa y otras entidades que trabajan por las comunas 1 y 2 hace año y medio.

Este proyecto capacita a los muchachos en todo lo relacionado con una vida sexualidad sana y la prevención de las Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS).

Roso Fabián Mejía Villamizar, director del proyecto en la zona Norte, sostiene que: “Crear una conciencia sexual en la gran mayoría de los jóvenes, es una buena manera de construir paz, ya que no se puede ser padre o madre por placer sino por compromiso”.

La Escuela de Formación Artística y Cultural de Ciudad Norte es otro proyecto que coordina Mejía Villamizar y consiste en formar grupos que promuevan la cultura y los principios humanos por medio de la danza, el canto, la lúdica y la poesía.

Si el Estado no ayuda, la comunidad sí
Los habitantes de Café Madrid se sienten desprotegidos ante la poca presencia del Estado, de manera que han aceptado alternativas como la planteada por la Asociación de Mujeres Desplazadas del Café Madrid.

Esta organización que preside Cecilia Martínez, quien comenta que esta organización gestiona recursos en la Alcaldía y la Gobernación y consiguió créditos para desarrollar microempresas, así como la construcción de viviendas en la Ciudadela del Café Madrid después de la ola invernal del año pasado.

De la mano de ONG como Visión Mundial y la Corporación Compromiso las familias del sector trabajan para mejorar su calidad de vida con planes de acción en favor de la alimentación, educación y vivienda, como lo propone Visión Mundial.

La Corporación Compromiso los orienta respecto a opciones jurídicas a sus problemas y les ofrece jornadas odontológicas y médicas, además del suministro de frazadas a los más necesitados y materiales para mejorar las viviendas.

El grado de compromiso con la comunidad es tal que el niño Germán Alonso Parra dice que si tuviera la oportunidad de hablar con el alcalde de Bucaramanga, Honorio Galvis Aguilar, le pediría que creara un lugar donde todo el mundo echara las basuras para que no contaminen el ambiente, lo que demuestra la convicción por el trabajo y el bien para toda la comunidad a la que se pertenece.

Por eso las organizaciones insisten en que el trabajo mancomunado es una forma de vencer el estigma de una zona peligrosa y demostrar que en el Norte y en especial el Café Madrid, hay personas con sueños y ganas de salir adelante.

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Sobre mí

Este es un espacio de los estudiantes de noveno semestre del énfasis de Periodismo de la Facultad de Comunicación Social de la Universidad Autónoma de Bucaramanga, UNAB, en el cual se publican los diferentes informes, entrevistas, crónicas y análisis noticiosos elaborados para el Periódico 15 como parte del proyecto integrador del semestre. También se incluyen las páginas Web diseñadas por los estudiantes para la asignatura Producción de Medios Especializados y Multimedia. En el proyecto han intervenido los estudiantes: Diego Olivares, Solanye Baños, Juliana Herrera, Elizabeth Avendaño y Mayerly Cely. Además, los docentes Mary Correa, Guillermo León Aguilar y Juan Álvarez.

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