El director técnico más joven en conseguir un campeonato en el fútbol profesional colombiano habla sobre sus triunfos, analiza la situación actual de ese deporte y dice no estar de acuerdo con que el Gobierno dé dinero para contratar a un entrenador extranjero.
Texto y fotos Solanye Baños Sierra
sbanos@unab.edu.co
El entrenador de fútbol Jaime de la Pava es el auténtico resultado de un proceso académico: graduado en Deporte y Educación Física de la Escuela Nacional del Deporte de Cali y con una especialización en Tecnología de Fútbol. Inició su carrera como formador de las divisiones inferiores del Deportivo Cali, continuó en la Escuela Carlos Sarmiento Lora para dirigir su equipo de la Primera C, con el que consiguió el primer título nacional en 1997.
Sus logros llamaron la atención de los directivos del América, quienes por aquella época estaban reestructurando las divisiones inferiores y lo contrataron en 1998 para que dirigiera la categoría C. Gracias a su desempeño fue nombrado como director técnico del cuadro profesional escarlata con el que obtuvo tres títulos en el torneo colombiano (2000, 2001, 2002) y un triunfo internacional en la Copa Merconorte (1999).
El pasado inmediato de este entrenador, nacido en Cali hace 39 años, no ha sido el mejor, su tránsito por Once Caldas desde el año pasado no fue positivo. Al respecto, el estratega opina que en ese equipo, en el Santa Fe y el Cali le faltó tiempo y recordó que el primer título con el América se dio después de dos años.
Durante el Segundo Seminario de Fútbol y Medios realizado en Barrancabermeja entre el 18 y el 21 de octubre, De la Pava aceptó una entrevista con 15.
Cuando usted tenía 33 años se convirtió en el director técnico más joven en ganar un campeonato profesional de fútbol en Colombia, superando a Carlos “Piscis” Restrepo, campeón con el Atlético Junior cuando tenía 37 años. Desde ese entonces ha alcanzado varios campeonatos, ¿Cuál ha sido la clave de sus triunfos?
Creo que trabajar con tiempos. Soy un técnico de procesos, a mediano y largo plazo, porque así se garantiza un trabajo idóneo y de calidad. Algunos directivos han comprendido ese trabajo y por eso se han logrado resultados importantes, no solamente profesionales sino en la formación de divisiones menores.
Durante 2006 más de 30 entrenadores de la A han sido destituidos de sus cargos por no alcanzar los resultados positivos, usted fue uno de ellos. ¿Por qué siempre las primeras cabezas en rodar son las de los entrenadores y no las de los jugadores, quienes en últimas son los que defienden los marcadores en el terreno de juego?
Porque es la salida más fácil. Para un equipo es mejor destituir a una persona que a tres o cuatro, pero eso es una cultura enraizada en nuestro país. En Europa, por ejemplo, se respeta más al entrenador y se considera como una persona importante dentro del proceso de trabajo de un equipo, acá se le da importancia a todo menos a que el entrenador opine y trate de dar los correctivos necesarios para mejorar una situación difícil. Se debe mirar que los problemas vienen por otras situaciones.
¿Cuáles otras situaciones?
Que los jugadores no lleguen bien a los entrenamientos y no den el rendimiento necesario, que las directivas compren los jugadores y formen los equipos sin consultar al entrenador, quien es el que sabe cuál sería el grupo ideal para trabajar, y muchas otras.

¿En la decisión de destituir a los entrenadores han influido algunos comentarios de periodistas deportivos que relacionan el desempeño del cuerpo técnico con los malos resultados?
Si, claro influyen, al tener un micrófono se puede orientar para destruir o para mejorar cosas y muchas veces se habla para acabar con x o y persona, bien sea un jugador, un técnico o un directivo y seguramente influye para la decisión que se tome sobre alguno de ellos.
Hubo quienes se entristecieron al saber la noticia de que Colombia no clasificó al mundial de Alemania, al que se quería ir luego de no haber estado en Corea y Japón en 2002. ¿Por qué no se clasificó y por qué algunos periodistas, como Carlos Antonio Vélez, dicen que pasarán años antes de volver a otro mundial?
Hay muchos problemas: una estructura y una planificación inmediatas y tenemos que programar a mediano y largo plazo, ejecutar con la tranquilidad necesaria para que las cosas salgan bien. El país está dividido en cuanto a la Selección y creo que si se unifican criterios podemos ser partícipes de la construcción de un buen combinado. Así seguramente podemos volver a un mundial.
Usted es un gran defensor de los procesos y los continuismos. ¿Será que es bueno para la Selección que Reynaldo Rueda la siga dirigiendo?
Soy un convencido de que Reynaldo debe seguir porque sus defectos y errores en la pasada eliminatoria le podrían servir para lograr la solidez para la próxima. Reynaldo es un tipo capaz, tiene conceptos claros sobre lo que pasa en el fútbol colombiano. Soy un convencido de los continuismos y creo en la continuidad para hacer procesos y mejorar cosas.
El vicepresidente Francisco Santos dijo que si la Selección Colombiana de Fútbol requería un entrenador extranjero el Estado destinaría recursos para contratarlo.
¿Será que un foráneo es la solución para clasificar y además no hacer ‘el oso’ como en Estados Unidos 94?
No estoy en contra de traer un extranjero, si viene, que sea una persona que nos pueda aportar, que no venga cualquiera, pero ese ‘no cualquiera’ cuesta mucho dinero.
Creo ciegamente en lo que Reynaldo pueda hacer y lo importante es que el fútbol colombiano vuelva a un mundial. En lo que no estoy de acuerdo es en que el Estado diga que ayuda a pagar un técnico extranjero. Cuando hay un nacional por qué no lo ayudan a pagar? Yo pago impuestos desde hace ocho años, me quitan retefuente del sueldo todo lo que usted quiera; entonces, ¿por qué no ayudan a los técnicos nacionales? No estoy en contra de que venga alguien de afuera porque yo también, en algún momento, voy a ser técnico extranjero y ese es mi objetivo ahora, irme al exterior.
¿Piensa que su ciclo en el fútbol nacional se acabó después de salir del Once Caldas?No. Este es un paso que deseo dar desde hace unos años porque quiero vivenciar otra cultura del fútbol, otros equipos, países, entornos y por qué no, que ese trabajo sea reconocido y que pueda uno aportar el grano de arena al fútbol donde vaya. Es básicamente para tener otro aire y otra experiencia en otros países.
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Por Diego Alejandro Olivares Jiménez
dolivares@unab.edu.co
Desde la mirada de dos niñas que vivieron, hace 23 años los sucesos de Vuelta Acuña, corregimiento de Cimitarra (Santander) donde hubo una masacre cometida por un grupo paramilitar denominado los Macetos y que dejó un saldo de ocho muertos, se escribió la novela “En el brazo del río”, que cuenta la historia de un Magdalena Medio golpeado por la violencia.
Esta obra, escrita por la periodista bogotana Marbel Sandoval Ordóñez, fue presentada el pasado 18 de agosto en el salón Río de Oro de la sede Bucarica de la Universidad Industrial de Santander (UIS).
El libro cuestiona el papel de las autoridades y de los medios de comunicación, que han dejado en la impunidad masacres como la de funcionarios judiciales en el sitio La Rochela, en plena vía Panamericana; la masacre en el Nororiente de Barrancabermeja, en la que los asesinos recorrieron varios barrios y mataron a 7 personas y desaparecieron a 25 personas y, por supuesto, la de Vuelta Acuña.
En su diálogo con 15 la escritora habló sobre su trabajo.
¿Cómo surgió la idea de escribir “En el brazo del Río”?
Cuando escribía el libro “Petróleo más futuro que pasado” y precisamente en la escritura de un fragmento del libro que era técnico, ya estaba muy cansada.
Decidí hacer una pausa, abrí una hoja en blanco en el computador y escribí la primera frase del libro: “El cuerpo de Paulina Lazcarro nunca fue encontrado”. De esta manera nace la idea del libro.
¿Por qué combinar en un género como la novela un hecho tan sangriento como la masacre de Vuelta Acuña y a la vez ponerle un toque de poesía?
Porque la literatura lo que cuenta es la vida. Lo que hace el libro es recrear la manera como vivimos, como morimos y como estamos los colombianos.
¿Que la motivó a escribir sobre un hecho ocurrido hace tiempo?
El dolor de ver desangrar a mi país todo el tiempo. He visto al país desangrarse década tras década, de la misma manera.
Cuando trabajé para Vanguardia Liberal en Barrancabermeja y en la zona del Magdalena Medio, pude escribir sobre hechos como éste, que es una historia más de todas las vividas por el país.
Lo que sucede es que los medios de comunicación siempre están contando lo mismo y, de la misma manera, nosotros nos vamos adormeciendo frente a lo que pasa. Como conocía este hecho, quise demostrar mi dolor con esa masacre, al escribir esta novela.
¿Cómo pueden los medios de comunicación construir paz?
Si asumen informar con responsabilidad, contar siempre los hechos desde diferentes versiones.
Lo que me preocupa es que los periodistas sólo nos estamos refiriendo a las fuentes oficiales y ellas están contando un aspecto de la verdad. De pronto de su verdad.
En la medida en que los medios asuman con responsabilidad contar los hechos desde las diferentes fuentes y no satanizando algunas, los lectores sacarán sus propias conclusiones.
¿Por qué no dejar en el olvido un hecho como la masacre de Vuelta Acuña?
Porque no podemos perder la memoria. Si lo hacemos, lo perdemos todo. La literatura es una manera de contar la historia y tener memoria es una forma de no repetir la historia.
¿Cómo ve a Barrancabermeja y a la región del Magdalena Medio después de haber trabajado allá?
No sólo yo, también otras personas que viven allí, ven a esa región como una promesa para el país.
La Barranca que yo describo en la novela es una Barrancabermeja que ha cambiado, es una ciudad donde existen múltiples procesos de colectivizaciones, también donde existe fuerza en la unión de pensamientos.
Eso me alegra porque entonces no va a vivir la historia de otras ciudades donde ha habido economías petroleras y que hoy están condenadas a desaparecer porque se acabó ese recurso.
Creo que Barrancabermeja tiene mucho más futuro que el petróleo.
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Colombia necesita una solución política negociada frente al conflicto armado y por eso, en este segundo mandato del presidente Uribe Vélez, deberá haber propuestas políticas que permitan superar la situación de inequidad y ayuden al fortalecimiento de la democracia.
Fotos y texto: Juliana Herrera
rherrera2@unab.edu.co
Colombia necesita una solución política negociada frente al conflicto armado y por eso, en este segundo mandato del presidente Uribe Vélez, deberá haber propuestas políticas que permitan superar la situación de inequidad y ayuden al fortalecimiento de la democracia.
Así piensa Jaime Zuluaga Nieto, profesor de la Universidad Nacional de Colombia e integrante de la Comisión Civil Facilitadora de los Diálogos con el ELN (Ejército de Liberación Nacional).
Zuluaga Nieto, es además miembro de la Secretaría Ejecutiva de la Asamblea Permanente por la Paz y, en entrevista con el periódico 15, planteó las opciones que podrían darse ahora para una solución negociada.
¿Cómo le ha parecido el plan de seguridad y de paz del presidente Uribe Vélez?El gobierno de Álvaro Uribe comenzó con una clara política de guerra. El énfasis fue ejercer presión militar sobre las guerrillas para llevarlas derrotadas militarmente a la mesa de negociación.
¿Qué posición asumieron los diferentes grupos guerrilleros frente a esa política?La posición de las guerrillas fue no hablar con ese gobierno, debido a la política de guerra que estaba desarrollando; además, las FARC plantearon unas condiciones que, a mi juicio, eran inaceptables por esta y por cualquier otra administración.
¿Cuáles fueron esas condiciones?Pedían la desmilitarización de dos departamentos en el sur del país (Putumayo y Caquetá). Sólo así se sentarían a la mesa de negociación. Estas posiciones marcaron distancias muy grandes entre el gobierno y las guerrillas, pero esta situación ha venido cambiando.
¿Se podrían dar más acercamientos con la guerrilla, en especial con las FARC, durante el segundo periodo presidencial?A raíz de la reelección de Uribe y de la renovación de su mandato político, tanto el gobierno como las FARC, han dado muestras de querer explorar un camino que probablemente conduzca al acercamiento.
No me gusta la reelección, no la apoyé, no voté por Uribe, pero en materia de paz puede resultar afortunada, puesto que ya hay caminos explorados y un campo ganado en las negociaciones.
¿Por qué considera favorable la reelección de Uribe para la paz?Cualquier nuevo gobierno que quiera avanzar por el camino de paz tiene que gastarse dos o tres años en buscar acercamientos, establecer los contactos y definir lo que hizo Uribe en su primer mandato, lo que hizo Pastrana y lo que trató de hacer Samper y no pudo.
Uribe continúa con su mandato, ya tiene un camino andado y no va a gastar tiempo en eso.
El equipo de Uribe en materia de política de guerra y de paz continúa, entonces no hay ruptura, no se va a presentar lo que llamamos “el síndrome de génesis”, que consiste en que todo nuevo gobierno cree que con él, comienza la historia, no mira hacia atrás y desecha lo que se ha avanzado.
¿Habrá continuidad política en materia de guerra y paz en este segundo mandato?Este gobierno va a continuar con el Plan Patriota, que entre otras cosas fracasó porque no fue posible que el gobierno consiguiera en cuatro años los objetivos militares y políticos que se proponía hacer en dos años; continuará con la presión militar tratando de derrotar estratégicamente a las guerrillas; y con su política de desmovilización paramilitar y su programa de reinserción al que tendrá que responder por los paramilitares reales o ficticios que figuran en la lista de desmovilizados.
¿Qué manifestaciones ha tenido el gobierno de querer negociar con estos grupos al margen de la ley, así como lo hizo con las Autodefensas Unidas de Colombia?De parte del gobierno las señales han sido aceptar que habrá que expedir un nuevo marco jurídico para una futura negociación con las guerrillas.
Segundo, aceptar el encuentro para un acuerdo humanitario que permita la liberación de las personas que se encuentran en poder de las FARC, víctimas del secuestro o capturados en combate, exige evidentemente el reconocimiento de un territorio sin presencia de las fuerzas militares del Estado.
En tercer lugar, la disposición a iniciar una negociación política que incluso podría llegar a una Asamblea Nacional Constituyente.
¿Y cómo responden las FARC frente a los pronunciamientos del actual gobierno?Las FARC, que reiteradamente habían señalado que no había ninguna posibilidad de negociar con el gobierno de Álvaro Uribe, han expresado, en comunicados y en declaraciones de Raúl Reyes, su disposición a abrir un espacio de negociación, si éste acepta las condiciones que han planteado.
¿Cree que habrá modificaciones del plan de gobierno de Uribe Vélez durante su segundo periodo presidencial? ¿Cuáles serían?
En el segundo mandato comienzan a configurarse condiciones que pueden favorecer en un inicio las aproximaciones con las FARC y la continuación de los diálogos con el Ejército de Liberación Nacional.
Esta situación de crisis humanitaria que estamos afrontando exige que, mientras logramos ponerle fin a la confrontación armada, nos propongamos avanzar en acuerdos humanitarios que permitan aliviar la situación de la población civil.
¿Significa que estamos próximos a ver la conformación de una mesa de negociación bajo condiciones favorables para el diálogo gobierno-grupos guerrilleros?Hay posibilidades de ello, hay manifestaciones claras. Un ejemplo es el Ejército de Liberación Nacional que quiere comprometerse en procesos de desminado, en algunas regiones del país.
En ese sentido, la presión internacional y la presión ciudadana deben orientarse a tratar de conseguir acuerdos, porque siendo realistas, la perspectiva del fin de la guerra no es una perspectiva de corto plazo en nuestro país.
¿Considera como terrorista a algún grupo alzado en armas en nuestro país?Hay que hacer una precisión con el término terrorista porque se utiliza abusivamente. El terrorismo es una forma de acción que consiste en tratar de crear una situación de terror o de pánico en la población para alcanzar determinados objetivos.
No creo que a las guerrillas, en su conjunto, se las pueda calificar globalmente de grupos terroristas; son grupos armados que recurren muchas veces a procedimientos terroristas, como tampoco creo que uno pueda decir que la Fuerza Aérea Colombiana sea una fuerza aérea terrorista porque, en algunas ocasiones, ha lanzado bombas sobre poblados.
¿Cómo podríamos entender el conflicto interno que vive nuestro país?En Colombia existe un conflicto que no es el resultado de un capricho de nadie. Son condiciones particulares muy complejas, que tienen que ver con la existencia de los grupos armados.
Aquí hay un problema de tierras no resuelto que se debe solucionar, si queremos crear condiciones sostenibles de paz. A esta situación de guerra se suman otros factores: tradición de luchas violentas, una historia de guerras civiles inadecuadamente resueltas, factores económicos, políticos y sociales sobre los que hay que actuar.
No se trata simplemente de que los grupos armados dejen sus armas, sino que además de dejar sus armas, transformemos muchas condiciones de nuestra sociedad para blindarla contra el resurgimiento de grupos armados.
¿La ayuda internacional ha contribuido en algo a la solución del conflicto armado de Colombia?La política del Gobierno de Colombia se caracteriza por una identificación plena con la política terrorista de la administración Bush.
Somos el único país de la región andina con una situación interna como la que estamos viviendo, pero somos institucionalmente el país más estable de la región y el que más claramente se identifica con la política norteamericana.
En materia de guerra y de paz, gústenos o no, habrá que contar con la posición de Estados Unidos, esta guerra no se continúa a fondo como se está desarrollando, sin el apoyo norteamericano y no es concebible un acuerdo de paz con las guerrillas, sin el consentimiento de ellos.
Asamblea de la Sociedad Civil por la Paz
La Asamblea por la Paz, viene trabajando en una serie de eventos regionales con el objetivo de promover la Quinta Plenaria y fomentar la participación de la sociedad civil en este tipo de procesos.
Bucaramanga fue la sede de este último encuentro donde el politólogo Jaime Zuluaga habló sobre la importancia, efectos y objetivos de la Asamblea por la Paz.
También presentó un posible temario que se trabajará en la Quinta Plenaria Nacional, que se realizará del 12 al 14 de octubre de 2006 y que tiene una propuesta, aún en construcción, pero se ha determinado desarrollar en dos fases:
1. Seminario Internacional, el cual contará con la participación de ponentes extranjeros y nacionales que abordarán temáticas como: Solución política negociada y Cooperación Internacional para la paz y la Construcción de una “Agenda Internacional para la Paz en Colombia”
2. Conversatorio de ponentes y asistentes sobre los siguientes ejes temáticos: Solución política negociada al conflicto armado y crisis humanitaria; Equidad social y económica y Construcción de la democracia.
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