Por Diego Alejandro Olivares Jiménez
dolivares@unab.edu.co
Desde la mirada de dos niñas que vivieron, hace 23 años los sucesos de Vuelta Acuña, corregimiento de Cimitarra (Santander) donde hubo una masacre cometida por un grupo paramilitar denominado los Macetos y que dejó un saldo de ocho muertos, se escribió la novela “En el brazo del río”, que cuenta la historia de un Magdalena Medio golpeado por la violencia.
Esta obra, escrita por la periodista bogotana Marbel Sandoval Ordóñez, fue presentada el pasado 18 de agosto en el salón Río de Oro de la sede Bucarica de la Universidad Industrial de Santander (UIS).
El libro cuestiona el papel de las autoridades y de los medios de comunicación, que han dejado en la impunidad masacres como la de funcionarios judiciales en el sitio La Rochela, en plena vía Panamericana; la masacre en el Nororiente de Barrancabermeja, en la que los asesinos recorrieron varios barrios y mataron a 7 personas y desaparecieron a 25 personas y, por supuesto, la de Vuelta Acuña.
En su diálogo con 15 la escritora habló sobre su trabajo.
¿Cómo surgió la idea de escribir “En el brazo del Río”?
Cuando escribía el libro “Petróleo más futuro que pasado” y precisamente en la escritura de un fragmento del libro que era técnico, ya estaba muy cansada.
Decidí hacer una pausa, abrí una hoja en blanco en el computador y escribí la primera frase del libro: “El cuerpo de Paulina Lazcarro nunca fue encontrado”. De esta manera nace la idea del libro.
¿Por qué combinar en un género como la novela un hecho tan sangriento como la masacre de Vuelta Acuña y a la vez ponerle un toque de poesía?
Porque la literatura lo que cuenta es la vida. Lo que hace el libro es recrear la manera como vivimos, como morimos y como estamos los colombianos.
¿Que la motivó a escribir sobre un hecho ocurrido hace tiempo?
El dolor de ver desangrar a mi país todo el tiempo. He visto al país desangrarse década tras década, de la misma manera.
Cuando trabajé para Vanguardia Liberal en Barrancabermeja y en la zona del Magdalena Medio, pude escribir sobre hechos como éste, que es una historia más de todas las vividas por el país.
Lo que sucede es que los medios de comunicación siempre están contando lo mismo y, de la misma manera, nosotros nos vamos adormeciendo frente a lo que pasa. Como conocía este hecho, quise demostrar mi dolor con esa masacre, al escribir esta novela.
¿Cómo pueden los medios de comunicación construir paz?
Si asumen informar con responsabilidad, contar siempre los hechos desde diferentes versiones.
Lo que me preocupa es que los periodistas sólo nos estamos refiriendo a las fuentes oficiales y ellas están contando un aspecto de la verdad. De pronto de su verdad.
En la medida en que los medios asuman con responsabilidad contar los hechos desde las diferentes fuentes y no satanizando algunas, los lectores sacarán sus propias conclusiones.
¿Por qué no dejar en el olvido un hecho como la masacre de Vuelta Acuña?
Porque no podemos perder la memoria. Si lo hacemos, lo perdemos todo. La literatura es una manera de contar la historia y tener memoria es una forma de no repetir la historia.
¿Cómo ve a Barrancabermeja y a la región del Magdalena Medio después de haber trabajado allá?
No sólo yo, también otras personas que viven allí, ven a esa región como una promesa para el país.
La Barranca que yo describo en la novela es una Barrancabermeja que ha cambiado, es una ciudad donde existen múltiples procesos de colectivizaciones, también donde existe fuerza en la unión de pensamientos.
Eso me alegra porque entonces no va a vivir la historia de otras ciudades donde ha habido economías petroleras y que hoy están condenadas a desaparecer porque se acabó ese recurso.
Creo que Barrancabermeja tiene mucho más futuro que el petróleo.

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